“A partir de hoy el gobierno porteño comenzará a secuestrar los vehículos de los conductores que excedan el máximo de velocidad en calles, avenidas y autopistas de la ciudad en 40 km/h o más. Los operativos serán desplegados en tres franjas horarias y abarcarán un punto de la Capital por turno.”
Hasta ahí la nota, bien descripta por cierto, porque esta mañana en muchos noticieros se destacaba en pantalla un cartel “… excedan el máximo de 40 kilómetros por hora”, como si la velocidad en calles, avenidas y autopistas se hubiera unificado al límite que solo rige para las calles. Vale decir, visto el límite de 60 Kmph hora que rige para las avenidas, que circular a 100 Kmph dará por sentado el secuestro del vehículo, aunque no está bien aclarado cuál sería el procedimiento si uno se desplaza a noventa, por ejemplo.
A los efectos del control, agentes del Cuerpo de Tránsito y la Guardia Urbana “constituirán postas en lugares y franjas horarias determinados”, desde donde se medirán los excesos con dispositivos electrónicos de precisión. Este procedimiento será adicional a otras penas en las que incurran los infractores, como las multas y quita de puntos sobre el hándicap de la licencia de conducir. Aún así, el recupero de la unidad secuestrada no implica el pago de los costos de acarreo, como en el caso de la confiscación del bien en áreas de estacionamiento prohibido u otras infracciones más graves, pero la intención del gobierno de la ciudad es reducir con este castigo puntual la eventualidad de graves accidentes que abonan los índices de muertes y lesiones graves. De hecho, la aplicación del “scoring” redujo la cantidad de víctimas en casi un 50% durante el primer semestre del año, así como también disminuyeron las cifras de conductores alcoholizados.
Lo que llama notablemente la atención es que se divulguen, previamente, los puntos de control sobre los cuales se lleva a cabo el operativo. Hoy se podía apreciar, al menos en uno de ellos, la presencia de una grúa para el remolque de vehículos livianos, particulares o taxis, otros vehículos del gobierno, para el traslado de los funcionarios, y una caravana de varios móviles de canales de noticias y radios. La manifestación de tanta parafernalia, en una hora crítica, a la salida del Viaducto Carranza, no sorprendía tanto por su objetivo sino por la dimensión de la noticia, porque de hecho se divulgó tanto que los conductores no superaban siquiera el límite de 20 Kmph, lo que sumado a los obstáculos físicos del operativo provocó un caos infernal en medio del estupor e insultos de variado contenido. Cabe aclarar que en el lugar, al corte del semáforo que habilita el cruce peatonal, generalmente se producen dos a tres violaciones por corte, todo un record de infracciones que se suman a otras, entre ellas no dar prioridad al transeúnte en los giros.
Y esto nos lleva, nuevamente Mauricio, a preguntarnos una y otra vez, ¿qué cuernos pasa por la cabecita de quienes son responsables del tránsito?... En principio se supone que anticipar y divulgar la hora y el sitio del operativo es de ingenuos, nadie que se precie de “vivo” caería en una trampa anunciada con bombos y platillos. Y en segundo lugar, obstaculizando dos o tres carriles y poniendo al tránsito en semejante “embudo” ¿a quién le cabe que un vehículo pueda desarrollar más velocidad de la permitida, siquiera?... Interrogantes como éste son comunes en la vida diaria de los porteños y simplemente no tienen respuesta.

